jueves, 17 de marzo de 2011

127 HORAS - 127 HOURS

Qué libertad envidiable!!!.

 Tomado de: http://antorchaplanet.com/
La real definición de libertad, sin duda, está estrechamente ligada con "hacer en la vida lo que uno desea con el corazón". 

La película es fascinante, porque a la vez que describe con hechos una particular personalidad, muestra hermosas imágenes de un paisaje que antoja conocer. Basada en la historia real de Aron Ralston, un apasionado montañista, dueño absoluto de su vida, libre de cualquier asomo de atadura, es una de esas películas que marcan por el sentimiento sobrecogedor que produce en el espectador.

Aron quiso, una vez más, disfrutar de la naturaleza y hacer senderismo en Blue John Canyon (Utah, USA). En compañía de su soledad, emprende este viaje primero en automóvil, luego, varios kilómetros en bicicleta, camina, escala, toma fotos y graba videos para el recuerdo, pero olvida voluntariamente contarle a alguien sus planes de excursión... (ups!!), pequeño detalle que implica que nadie lo buscara tras el accidente. Un accidente que finalmente le permite superar la única atadura que le quedaba: a sí mismo.

Atrapado, solo en el mundo, indefenso y deshidratado, logra tomar la decisión de vivir para seguir haciendo lo que desea con el corazón. Absolutamente todo lo que sucede en esta película, refleja lo divertido que es para este personaje tanto la vida como todos sus riesgos. Sobretodo eso, sus riesgos pues él los toma todos y además contagia las ganas de vivir.

Lo mejor, su mente que lo mantiene en el perfecto equilibrio entre realidad, locura y delirio.

domingo, 6 de marzo de 2011

TOY STORY 1, 2 y 3

Tomado de: http://www.blogys.net/tags/toystory
Ustedes se imaginan donde siendo niños, con la capacidad de asombro que correspondió hasta mi generación (más o menos) hubiésemos visto Toy story??? Por lo menos yo, todavía estuviera guardando mis juguetes de niña. Todavía los estuviera acostando a dormir todas las noches y más aún me levantaría a arroparlos por las noches.

Entre otras cosas, ahora que caigo en cuenta, valga decir que no recuerdo ninguno de mis juguetes, de pronto alguien de mi familia pueda ayudarme con este tema. Pero bueno, puede ser que ninguno de los que tuve era mejor que jugar con mis hermanitos (tengo 2, mayores que yo y siempre serán mis hermanitos) y, en consecuencia, lo segundo tomó el lugar de lo primero en mis recuerdos. Seguramente si hubiera existido en esa época un Buzz Lightyear para niñas o tan siquiera algo similar, mis hermanitos lo hubieran agradecido porque de pronto así se hubiesen desencartado para jugar futbol o montar en bicicleta tranquilos sin estar yo ahí de pegote. Niña, y fuera de eso más chiquita… qué pereza para ellos. De todas formas, no cambiaría tener dos hermanos por haber estado llena de juguetes que seguramente hoy recordaría.

En fin, el caso es que sentimientos tan humanos como celos, solidaridad, ilusión y desilusión son representados por juguetes que cobran vida.  Como no recordar a Woody el Sheriff temeroso de perder su lugar de preferencia en el corazón de Andy cuando en su cumpleaños llega el imponente Buzz Lightyear un astronauta que se cree astronauta y busca incansablemente su nave que lo tendrá que llevar de regreso al espacio, hasta que reconoce que es apenas un juguete. Vaya desilusión para todo un astronauta: Un juguete?

Se acuerdan de Sid?, el niño psicópata vecino de Andy que tortura a los juguetes?. Cómo no relacionar a este maquiavélico niño con los hermanit@s menores que muchos de ustedes tienen. Aquel inoportuno bebé, que llegó justo cuando usted ya era el dueño del mundo y justo se enamoró de sus juguetes, esos que usted había podido conservar intactos por varios años. Si, sus favoritos. Recuerda cómo terminaron en las manos de su hermanit@ menor?. Ahora si recuerda a Sid??

Luego de toda una lección de trabajo en equipo, liderazgo y solidaridad que vimos en la número 2, en la que mientras Andy va a un campamento de verano sus juguetes luchan por rescatarse y evitar ir a un museo, nos llega una mala enseñanza para el desapego en la número 3. La preocupación del equipo de juguetes por su futuro es evidente.  Mientras Andy se prepara para ir a la universidad, su madre propone clasificar sus pertenencias para decidir qué hacer con ellas.  Tan bellas las mamás!! Creen que pueden botarlo o regalarlo todo. Cuando no es que lo botan o lo regalan sin autorización expresa de su dueño, o sea uno, es que creen que debe ser “arreglado” y empiezan a “arreglar” jeans rotos, botas de pantalón deshilachadas, en fin, todo lo que se les atraviese. Luego, explicarles que lo que han hecho es un daño, es todo un drama familiar.  Para ellas,  un roto siempre necesitará una “puntadita”. No insista en algo diferente porque seguro pierde. Es así como esta mamá, supone que una bolsa llena de juguetes, los juguetes de toda la vida de Andy, irá a la basura. 

Finalmente, llegan a Sunnyside una guardería que en realidad es una prisión de juguetes controlada por Lotso un oso malvado, que al estilo de una cárcel americana de esas que uno ve en televisión, dirige la suerte de todos los juguetes del lugar.  Es un matón dueño de la dinámica carcelera.  Lo mejor, cuando Buzz, accidentalmente, se configura con personalidad de español y baila flamenco… divino!. Lo más triste cuando luchando por la libertad los juguetes caen en un basurero y luego en una planta incineradora. Todos ellos, cogidos de las manos, derrotados por la inminencia del fuego arrancan más de un suspiro de los espectadores.

Los juguetes, en uso de su buen “retiro” y fieles a su razón de ser, quedan en manos de Bonnie, con quien jugarán de ahora en adelante.  Un “Gracias Chicos” por parte de Andy, resume todo un conjunto de sentimientos y recuerdos al lado de sus juguetes preferidos. 

Ya que no recuerdo ningún juguete, un “gracias chicos”, de mi parte, resume todo el amor por mis hermanitos.

miércoles, 2 de marzo de 2011

EL DISCURSO DEL REY – THE KING’S SPEECH

No tenía muchas ganas de escribir acerca de esta película porque se me ocurrían cosas muy similares a lo que se me ocurrió escribiendo acerca de El Cisne Negro. Finalmente me animé porque pensé: no importa si es un poco más de lo mismo… por algo será.

Cuando quise ingresar a ser parte del Taller de Opera de la ciudad de Manizales, además de presentar una audición vocal tuve que presentar una prueba de teatro que consistió en sacar de una bolsa un papelito que indicaría qué personaje tenía representar de manera improvisada.  Recuerdo que me concentré muy juiciosamente en pedirle a mi Dios de esa época que no me tocara algún personaje con acentos lingüísticos diferentes al mío, porque tenía bien identificada esa debilidad. Nunca he podido hacer nada parecido a una española, una argentina y mucho menos a una costeña. Lo máximo para mi, teatralmente hablando, ha sido representar una paisa de esas bien arrastradas, y eso porque solo es exagerar un poquito mi propio acento y ya está. El caso es que en aquella ocasión me concentré solo en acentos idiomáticos y no se me pasó por la mente que la creatividad de mis evaluadores daba para que en aquella bolsa existieran personajes con defectos físicos. Es así como me toco representar a un tartamudo.  La situación no me acuerdo. Ah!, porque también había bolsita para la situación a improvisar.

Creo que no saber representar a un tartamudo en una prueba de talento, y ser un tartamudo real han de ser dos cosas que tiene mucho en común. Algo internamente se paraliza. Sudan las manos, oyes ensordecedoramente los latidos de tu propio corazón, sientes su inmenso tamaño y finalmente, como si no fuera suficiente, los ojos de la gente que te siguen fijamente se convierten en armas amenazantes apuntando a tu humanidad a punto de ser fusilada. Yo me imagino allá en el cerebro una gran batalla de las neuronas por el poder: el primer bando, responsable de todo lo anterior, diciendo “definitivamente no es capaz de hacerlo”, y otro, el segundo, convencido (con conocimiento de causa) de que si lo puede hacer y muy bien.

Si al problema del tartamudeo se le suma la presión de ser su majestad El Rey del Reino Unido y estar ad portas de la II Guerra Mundial, el resultado es totalmente abrumador. Pregúntese: ¿Seguiría usted a un líder tartamudo? Si somos sinceros, tal vez uno pudiera pensar, equivocadamente, que no se trata de un personaje suficientemente listo, entendido como una combinación entre sensatez e inteligencia, como para guiar el rumbo de un pueblo que está en la puerta de la guerra.  Pero este Rey lo demostró, pudo vencer la batalla contra sus propios miedos y fantasmas de la tartamudez. Con la magnífica interpretación de Colin Firth los espectadores pudimos casi que sentir su angustia como propia.

Me encantó el terapeuta. Maravilloso. No era uno de esos que simplemente dice: “Respire profundo y vera”. Era el menos ortodoxo y el más efectivo de todos. Era el único que conocía la dimensión tan interna como incapacitante del verdadero problema. Se trataba de un personaje que ni siquiera “encajaba” muy bien en la sociedad conservadora Inglesa.  Muchas veces eso de “no encajar” advierte mucho talento. 

 
Se me olvidaba. Finalmente después de una audición teatral muy sufrida, pude ingresar al Taller de Ópera del que orgullosamente fui parte durante 6 años.